«Chile necesita recuperar el dinamismo económico y mantener la confianza en sus instituciones. Se debe combinar simplificación regulatoria, certeza jurídica y fortalecimiento de la productividad.»

Chile enfrenta uno de sus principales desafíos económicos de la última década: recuperar una tasa de inversión capaz de sostener un crecimiento elevado y mejorar la productividad. Sin una expansión significativa de la inversión será difícil aumentar el crecimiento, crear empleos formales y financiar las crecientes demandas sociales.
Si vemos la evidencia de la relación entre inversión y crecimiento entre 2005 y 2025 para Chile, existe una estrecha relación entre ellas. Por ejemplo, entre 2005 y 2013, el crecimiento promedio anual estaba cerca del 5%, mientras que la inversión representaba sobre el 25% del PIB. A partir de 2010, el crecimiento económico se redujo por debajo del 3%, en un contexto en que la inversión perdió su dinamismo, lo que incidió en las pobres cifras de crecimiento proyectado de la capacidad instalada.
Ha resurgido una propuesta recurrente: reducir los impuestos a las empresas como mecanismo para incentivar la inversión. La idea es sencilla y simple: si aumenta la rentabilidad esperada de un proyecto, más inversiones se volverían viables y las empresas tendrían mayores incentivos para ampliar su capacidad productiva. La teoría económica respalda en parte este argumento: una menor carga tributaria reduce el costo del capital y puede mejorar el atractivo de invertir.
Sin embargo, la evidencia internacional muestra que los impuestos son solo uno de los factores que determinan la inversión. Los inversionistas también valoran la estabilidad institucional, la certeza jurídica, la rapidez en la obtención de permisos, la calidad de la infraestructura, la disponibilidad de capital humano y las expectativas de crecimiento económico. Por ello, una reducción tributaria, por sí sola, difícilmente producirá un aumento sostenido de la inversión si persisten otros obstáculos. Numerosas empresas señalan que la incertidumbre regulatoria y la lentitud en la tramitación de proyectos representan hoy barreras tan relevantes como la carga tributaria.
En 2017, en Estados Unidos, la reforma tributaria redujo la tasa del impuesto corporativo del 35% al 21%. Hubo un aumento inicial de la inversión, pero diversos estudios concluyeron que una parte importante del beneficio se destinó a recompras de acciones y dividendos, y que el efecto permanente sobre la inversión fue más moderado de lo esperado. Estudios de la Ocde muestran que los impuestos corporativos pueden influir en la inversión, pero factores como la calidad regulatoria, la certeza jurídica, la infraestructura y el capital humano suelen ser igual o más importantes para el crecimiento de largo plazo. Canadá y los países nórdicos han reducido gradualmente sus impuestos a las empresas, pero esas reformas fueron acompañadas de disciplina fiscal, simplificación regulatoria e importantes inversiones en educación, innovación e infraestructura.
Chile necesita recuperar dinamismo económico, pero también mantener la confianza en sus instituciones. Una estrategia integral debería combinar simplificación regulatoria, mayor certeza jurídica, fortalecimiento de la productividad, desarrollo de capital humano e incentivos tributarios cuidadosamente diseñados.
El verdadero desafío no es solo cobrar menos impuestos, sino crear un entorno donde invertir sea atractivo, rentable y predecible. Cuando esas condiciones convergen, la inversión aumenta, la productividad mejora y el crecimiento económico se vuelve más sostenible.
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Dr. Iván E. Araya Gómez, Facultad Ciencias Económicas y, Administrativas, Universidad de Concepción. Columna opinión de El Sur, Viernes 17 de julio de 2026 |



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