«Se trata, sin duda, de una experiencia inédita de innovación en política industrial que debe ser mantenida y desarrollada, donde la responsabilidad fundamental descansa en los actores regionales.»

Hace una semana el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo envío al Congreso el segundo informe de avance del Plan de Fortalecimiento Industrial del Biobío (Pfibb). Se diseñó para responder al impacto potencial que significaba para la Región del Biobío el cierre definitivo de la Compañía Siderúrgica Huachipato en septiembre de 2024. Este evento se suma al declive que ha mostrado la industria manufacturera en la región desde hace ya cinco décadas, con reducción en actividades textiles, de loza, calzado, carbón, y ahora acero, para mencionar las más destacadas. Inicialmente, se estimó que el cierre provocaría una reducción del orden de los 20 mil empleos en la Región, incluyendo el efecto esperado sobre el empleo directo, indirecto e inducido.
El informe muestra que este sombrío escenario no se cumplió. Para enfrentar la crisis laboral se desplegó un conjunto de medidas de apoyo a los trabajadores finiquitados de Huachipato, incluyendo acompañamiento en procesos de desvinculación, rectificación de finiquitos, ferias laborales y programas de capacitación. De igual manera, se buscó contener de manera efectiva el impacto sobre las empresas contratistas y proveedoras de servicios a Huachipato, en riesgo por el cierre de la empresa. Más de $1.500 millones fueron destinados a subsidios de retención laboral, evitando despidos en empresas dependientes, y a esto se sumaron más de $1.800 millones desde Corfo para que las empresas se reconvirtieran y adaptaran sus negocios para encontrar nuevos clientes. El resultado fue que el 78% de los trabajadores directos e indirectos afectados por el cierre mantuvieron continuidad laboral, sin considerar a los que se acogieron a jubilación. Muchas de las empresas dependientes de Huachipato lograron mantener la operación y robustecer su gestión.
Pero el Pfibb es más que un plan para resolver una crisis laboral. De acuerdo con la visión entregada por los participantes del Foro Estratégico Regional, constituido por representantes de sindicatos, gremios empresariales, academia, autoridades regionales y nacionales, el plan ha permitido crear un espacio de diálogo social con una mirada estratégica compartida sobre el desarrollo regional, que ha revalorizado el desarrollo industrial como motor del crecimiento económico regional.
Algunas de las características que se destacan de este espacio son la articulación lograda entre los distintos actores regionales y el gobierno central, la creación de una gobernanza inclusiva para el plan que facilita la coordinación interinstitucional, el seguimiento permanente de los avances del plan con rendición de cuentas periódicas, y la focalización de los esfuerzos y la flexibilidad para incorporar nuevas iniciativas.
Otros logros obtenidos a la fecha son la Política de Construcción Naval, la creación del Programa de Garantías para la Recuperación Productiva Regional, la adjudicación del primer Centro Tecnológico de Manufactura Avanzada e Industria 4.0 en la región de Biobío, la aceleración de proyectos con impacto regional, como la ruta interportuaria, y la integración vial con Argentina, la adjudicación de la propuesta de Anillos Industriales para el fomento a la demanda de hidrógeno verde y sus derivados, entre otros.
Se trata, sin duda, de una experiencia inédita de innovación en política industrial que debe ser mantenida y desarrollada, donde la responsabilidad fundamental descansa en los actores regionales.
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Dr. Jorge Dresdner C. Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad de Concepción. Columna opinión de El Sur, Viernes 27 de febrero de 2026 |



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