«Exponer públicamente la situación económica del hogar va en la dirección contraria y nos aparta del recurso más escaso con el que todo viviente cuenta regresivamente, el tiempo.»

Una tradición se vuelve frágil cuando su transmisión depende de la capacidad de solventar sus accesorios. Un traje impecable, si bien ayuda a expresar cultura, expone sacrificios que asumen quienes menos tienen. La cultura exige bastante más: es vivencia, espacio y conversación, más que compra. Colegios, familias, usted y yo tenemos aquí una oportunidad: un banco de vestuario, intercambios, búsqueda de patrocinantes, entre otros, para demostrar que la celebración de un aniversario de la patria significa construir una identidad solidaria que invita a todos quienes habitamos o nos sentimos parte de este Chile a valorar la paz y el esfuerzo colectivo por la convivencia y el desarrollo; a desear pertenecer, sin importar si nos tocó nacer en este territorio o lo escogimos. Exponer públicamente la situación económica del hogar va en la dirección contraria y nos aparta del recurso más escaso con el que todo viviente cuenta regresivamente, el tiempo.
Según un sondeo de Kantar que por estos días circula en prensa, cerca del 60% de los consultados estaría dispuesto a cubrir estas fiestas con deuda. En plena crisis de empleo, ¿nos parece esto razonable?
¿No será momento de cambiar el foco? En su novela El vendedor de tiempo, Trías de Bes nos presenta a su personaje, un atípico vendedor que envasa minutos, horas —¿quién no los necesita?— y los comercializa exitosamente. Si alguien es capaz de pagar por este producto, pues se tomará “el tiempo” para consumirlo; es el punto. Pero volvamos. Este año el patrón se repite. Como el 18 cayó viernes, y era de esperarse, circularon a última hora tres proyectos en el Congreso para convertir en feriado el 17. Los tres fueron declarados admisibles, pero ninguno logró completar su tramitación antes de Fiestas Patrias —se diría que corrieron contra el tiempo. Una cuestión cuasi irresuelta a último minuto para una fecha que se repite cada septiembre.
Iré al grano con mi propuesta: que el 18 y el 19 dejen de ser feriados y que lo sean el jueves y el viernes más cercanos al 18 de septiembre. Cada institución, cada empresa, por supuesto, organizará sus actos conmemorativos y celebraciones en el marco de sus posibilidades u obligaciones. Así, la medida entregaría dos feriados a los que les sigue un normal fin de semana, sin sorpresas.
Algo parecido ocurre en diciembre. Cuando solo el 25 es feriado, las familias deben escoger entre celebrar en su hogar o visitar a los padres de una de las partes y “dejar pagando” a la otra. El encuentro se vuelve una carrera de traslados. Contar con el 25 y 26 como feriados da muñeca para distribuir actividades: cena en casa y un día para cada lado de la familia. No propongo realmente más feriados por temporada, sino redistribuir y entregar certezas para que las fiestas más importantes del año no se empañen por el estrés de la organización ni las culpas por lo que se desea y no se consigue.
Para quienes se oponen a los feriados argumentando que en Chile nos pasamos algunos pueblos y tenemos demasiados, les diría que, si nos comparamos con países más desarrollados, pues pueblos son varios los que faltan para alcanzar un número decente de días de vacaciones por año laboral. Es decir, y no es que lo defienda, pero ¡una cosa compensa la otra!
Ni la boleta de la fonda ni la deuda de septiembre miden la celebración de la República. Hay otras formas.
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Dr. Pedro Cofre Fuentes, Facultad Ciencias Económicas y, Administrativas, Universidad de Concepción. Columna opinión de El Sur, Viernes 18 de septiembre de 2026 |



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