«El sistema financiero se defiende: mejor no jubile ahora, aguante el chaparrón que esto se estabilizará. Podría ser, aunque, me hace recordar aquello de que en el largo plazo todos estaremos muertos (Keynes).»

La crisis de los fondos D y E da cuenta de varios temas. En Chile son más de doce los millones de afiliados a las AFP, y alrededor de la mitad de ellos cotiza en un mes cualquiera. Me pregunto qué razonamiento justifica que en Chile cada cotizante de los 5.819.360 que aplicó en septiembre de 2026 tenga tal competencia financiera en tema fondos de inversión previsional que le permita razonablemente, cual agente económico informado, decidir si mantenerse o cambiarse de fondo (me tomé una pequeña licencia, los cotizantes de mayor edad no pueden optar por el Fondo A). El sentido común dirá que esto es una locura por donde se mire.
Hoy el sistema ha sufrido una debacle. La Superintendencia de Pensiones advierte que los Fondos Tipo D y E, acumulan pérdidas reales de 6,38% y 10,39%, respectivamente, demostrando así que las alternativas ofrecidas como las más seguras resultaron ser tan volátiles que de tanto en tanto, cual Carmina Burana, los caprichos de la fortuna designan el monto -o parte de él- que muchos de los jubilados más pobres de Chile reciben como pensión mensual. Pasó el 2021, pasa el 2026.
Tal vez presenciamos un caso de incompetencia de las AFP, incapaces de gestionar adecuadamente los riesgos. El que todas se lanzaran al despeñadero es sospechoso; al menos da cuenta de incentivos perversos: si una se desvía a la baja en rentabilidad respecto del promedio, es multada. Entonces mejor tomar las mismas nefastas decisiones que la vecina. Mal que mal, el dinero es de los ahorrantes. De esta forma, el sistema traiciona la confianza pública, la obligación de resguardar los fondos.
El alza de las tasas en EE.UU. fue el golpe, pero lo que lo multiplicó fueron los contratos de derivados que las empresas habían tomado. Según Señal DF esto explica cerca del 80% de la caída nominal del Fondo E. Agreguemos, un estudio de Clapes UC, indica que la duración de la cartera de renta fija de este fondo pasó de unos 5 años en 2009 a 10,2 en 2025, la más alta del sistema, es decir, cada vez más sensibilidad a las tasas. Las AFP sostienen que fue una estrategia de largo plazo y no una apuesta. Cuesta creerlo, justamente para el fondo que debía proteger a quienes están por jubilar. Hay que señalar que serán estas mismas administradoras las que gestionarán los nuevos fondos generacionales.
La segunda explicación no es más alentadora: ¿Por qué se permite que los fondos menos riesgosos utilicen swaps financieros? Pues en teoría para resguardarse de riesgos. Esto huele un poco a paradoja. Buscar estabilidad termina exponiendo el ahorro previsional a dinámicas de mercado y riesgos cuyos costos realmente los pagan quienes menos tienen. No olvidemos que la Superintendencia advirtió, pero fue desoída.
Una observación que, aunque va en otra línea argumentativa, hace llorar al más duro. La envergadura del problema sería profundamente distinta si el porcentaje de cotización de los ahorrantes no hubiese sido de 10 sino del doble, que era simplemente mantener poco más, poco menos, la lógica de ahorro del sistema previsional anterior; me refiero exclusivamente a ese punto: % de ahorro, nada más. Doble ahorro, doble pensión. Peor aún, sabiendo la hecatombe que nos alcanzaría, los partidos, gobiernos de todo color, instituciones de control hicieron vista gorda durante más de 30 años en régimen democrático, y no hicieron nada. El sistema financiero se defiende: mejor no jubile ahora. Podría ser, aunque, me hace recordar aquello de que en el largo plazo todos estaremos muertos.
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Dr. Pedro Cofre Fuentes, Facultad Ciencias Económicas y, Administrativas, Universidad de Concepción. Columna opinión de El Sur, Viernes 30 de octubre de 2026 |



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