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«Ante tan amenazante escenario de esta nueva cepa, muchos países han adoptado medidas como cierre de fronteras que impidan la entrada de viajeros de países africanos».

La reciente información recibida desde Sudáfrica, que da cuenta del descubrimiento de la nueva variante del covid-19, llamada Ómicron, ha encendido las luces de alarmas en todos los países, debido a las más de 30 mutaciones que ya se han detectado en esta nueva cepa, lo que parece sugerir una mayor capacidad de transmisión, según expertos de la OMS. Esto, mientras la recuperación de la pandemia en un gran número de países no ha alcanzado los resultados esperados, como el continente africano, que presenta un retraso importante en la vacunación. Solo el 7% de los casi 1.300 millones de sus habitantes ha recibido el esquema completo de inmunización, lo que responde, entre otras cosas, a problemas logísticos que han afectado países de escasos recursos, que han visto retardada la llegada de las vacunas, afectando su distribución y que en muchos casos superaban las fechas de vencimientos, debiendo ser desechadas por no disponer de recursos para mantener la cadena de frío. En otros casos, no se contaba con los medios de transporte, para alcanzar los lugares más alejados. Y otra parte importante ha sido el rechazo de un sector de la población a recibir la vacuna.
Ante tan amenazante escenario, y en espera de las decisiones del mundo científico para hacer frente a esta nueva cepa, muchos países ya han adoptado el cierre de fronteras que impida la entrada y salida a viajeros desde y hacia países africanos, reforzado las medidas de control para viajeros de los mismos países exigiéndole a sus ingresos una cuarentena de 10 días. De continuar el avance de esta nueva cepa, es posible que se pueda llegar nuevamente a la restricción de movilidad de las personas y cuarentenas. El problema es que esta medida golpearía fuerte a la parte económica, con efectos que ya vivimos, como las disrupciones en las cadenas de abastecimiento y distribución de bienes y servicios, lo que podría generar de nuevo desempleo e inestabilidad laboral, que terminaría con fuertes caídas en la actividad económica.
Bastó la alerta entregada por la OMS sobre la aparición de esta nueva variante del covid para que se hiciera presente el pánico en los mercados del mundo. Así, el Dow Jones tuvo una caída de 2,53% en un solo día, también cayó el S&P 500 y el Nasdaq en 2,53% y 2,23%, respectivamente. En Europa, Asia y el resto del mundo ha ocurrido lo mismo. En el caso de los commodities, han sido notoria las bajas en el precio del cobre y el petróleo. Otro tanto ha ocurrido con los efectos en el turismo, cadenas hoteleras y líneas aéreas, que no solo han disminuido las ventas de sus servicios, sino que, además, sus valores bursátiles se han visto afectados negativamente. Asimismo, hay muchas personas e inversionistas que, ante este incierto e inestable escenario, buscan ponerse a cubierto, usando como refugio la compra de dólares, generando con ello, un aumento en su demanda y en el precio de la divisa, que se ha elevado casi a $ 850.
El temor es fundado, ya que el avance de esta nueva variante podría frenar más la recuperación de la economía en muchos países y también en Chile, que ha sido reconocido en el Ranking de Resiliencia Covid, elaborado por Bloomberg, ocupando el segundo lugar entre 53 países, en términos de eficiencia, manejo del virus y los niveles de vacunación alcanzados en su población. Pero esto no constituye un certificado que exima a Chile de la presencia de las nuevas cepas como Ómicron, sino que requiere un cuidado y preocupación permanente no solo de las autoridades, sino que el cuidado personal, respetando las normas sanitarias y la vacunación establecida.

Víctor Hernández Roldán, Facultad Ciencias Económicas y, Administrativas, Universidad de Concepción,-