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No debemos ser displicentes con la inflación. Su descontrol no le sirve a ningún gobierno y por lo tanto debería ser un objetivo relevante y sensible para todos

La evolución del Índice de Precios al Consumidor en los últimos meses ha generado preocupación sobre la inflación en Chile y su proyección futura. El IPC de septiembre pasado marcó un incremento mensual de 1,2%, acumulando un 4,4% en lo que va del año y 5,3% a doce meses. Esto significa que la meta inflacionaria establecida de 3% como meta de mediano plazo y su límite superior de 4% ha sido sobrepasada en forma considerable poniendo en riesgo la meta y los logros de ella.

Más allá de las causas responsables de este repunte inflacionario y que han sido fuente de debate político debemos decir que después de más de veinte años de estabilidad precios dentro de una institucionalidad con un Banco Central autónomo e independiente y una estrategia de metas inflacionarias explícitas, podemos decir que la inflación había dejado de ser tema de interés público y político y la única alusión a ella era solamente cuando veíamos la experiencia de otros países vecinos y el drama de vivir en un entorno de inflación alta o hiperinflación.

Las generaciones más recientes no han conocido ni vivido los impactos de una inflación alta y variable, para ello tendríamos que remontarnos a la década del sesenta y sobre todo la primera mitad de la década del 70 donde vivimos inflaciones de sobre el 600% ni tampoco lo que implica para las personas cuando se implementan medidas como alzas en las tasas de interés para reducirla cuando se sale de control y el tiempo que esto lleva. La historia inflacionaria de Chile demuestra ello. Es importante volver a repasar lo que la experiencia nos muestra y enseña sobre los costos de una inflación alta y volátil.

La evidencia es muy concluyente sobre los efectos en la economía y los impactos en las personas cuando la economía se aleja de esta meta. En un entorno inflacionario decae la inversión productiva e incentiva la especulación limitando la creación de nuevas empresas o nuevos emprendimientos siendo más rentable especular con los precios de varios activos de todo tipo en el juego de comprar barato y vender más alto haciendo una ganancia de ello o buscando actividades e inversiones que permitan protegerse de la inflación.

Simplemente el esfuerzo y el talento se orienta a protegerse de la inflación o simplemente a vivir de la especulación comprometiendo el crecimiento económico y la creación de empleos. A nivel individual, los ingresos y los ahorros pierden su valor especialmente en aquellos con ingresos precarios y trabajos informales sin la posibilidad de protegerse debidamente cuando la inflación es no anticipada producto de su alta variabilidad. Las redistribuciones de ingreso y riqueza entre aquellos que están o saben cómo protegerse contra la inflación en relación con aquellos que no pueden, como es el caso de los más pobres, son considerables.

Más allá sobre la importancia de cuantificar estos costos con precisión y objetividad es claro y evidente considerando lo que sabemos y la evidencia acumulada que la inflación afecta el crecimiento y en términos individuales a los más pobres. Los mecanismos para reducir la inflación solo vienen agregar costos adicionales que nuevamente afectaran en forma desigual a muchos, especialmente a las familias endeudadas y algunos con ahorros previsionales en el Fondo E, donde hemos visto lo que ha pasado con su rentabilidad este año.

Esto demuestra que no debemos ser displicentes con la inflación ni politizar su dimensión ni menos las medidas para ponerle atajo inmediato. El descontrol de la inflación no le sirve a ningún gobierno y por lo tanto debería ser un objetivo relevante y sensible para todos.

Dr. Iván E. Araya Gómez, Facultad Ciencias Económicas y, Administrativas, Universidad de Concepción,-