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Cuando el año pasado se discutía la posibilidad de efectuar un primer retiro de los fondos de pensiones, hubo quienes hicimos ver los inconvenientes y consecuencias que traería a mediano y largo plazo, ya que esto significaría abrir la puerta para nuevos retiros y quebrantar el principio que sustenta cualquier sistema de pensiones en el mundo, cual es, la generación de ahorros para solventar una pensión. Tras su aprobación, se inició la discusión del segundo retiro, en medio de desacuerdos entre Gobierno y el Congreso, terminando por ser enviado al Tribunal Constitucional, quien da su anuencia dejando grandes dudas respecto al accionar institucional del país. Luego se aprobó un tercer retiro, y por estos días ha surgido nuevo proyecto que pretende un retiro del 40 por ciento, presentado por una Diputada, quien señaló que con esto “se daba el tiro de gracias al sistema de las AFPs”. Otro diputado planteo el retiro del 100 por ciento de los fondos, para evitar sean confiscado a futuro por el Estado, en tanto que otros, han planteado iniciativas de nacionalización. Mientras parlamentarios más radicales han propuesto el termino de las AFP.

En medio de este juego de iniciativas y de ofertones populistas, me pregunto si verdaderamente la gente de tercera edad logra entender y darse cuenta de los alcances de estas propuestas. Mas aun, cuando muchos políticos han acuñado palabras cursis como, nacionalización de los fondos de pensiones, estatización, expropiación, confiscación o expoliación de los fondos de pensiones, para marcar diferencias en la carrera electoral, incurriendo en errores graves que están confundiendo e intimidando a los jubilados y al público en general. Esto, solo ha logrado dilaciones que obstruyen la elaboración de una verdadera Reforma Previsional que espera la tercera edad desde hace 10 años. En el intertanto, nuestros políticos de manera transversal, han ejercido presión para llevar a efecto políticas públicas ineficientes, que, en este caso particular, usan los fondos de pensiones de los trabajadores, sin importarles ni explicarles a ellos lo que ocurriría a futuro, debido a la merma y/o el agotamiento de sus fondos de pensiones, que se traducirán finalmente en menores pensiones. Es decir, apuestan con dineros que no les pertenecen, sin sentido de responsabilidad alguna, habida consideración que sus períodos de legislatura son cortos y temporales, por lo que les resulta fácil formular propuestas, cuyos resultados serán evaluados cuando muchos de ellos ya no formen parte del parlamento.

Quienes sustentan estas iniciativas evidencian un alejamiento de la racionalidad, ya que, en vez de pensar en las pensiones, centran la atención en presionar el marco de la institucionalidad. La confusión instalada en la sociedad ha llevado a que mucha gente que veía como amenaza la justificación del retiro del 100 por ciento, ante una inminente confiscación de los fondos de pensiones, hoy le está otorgando cierto grado de credibilidad, debido a los permanentes desencuentros y peleas entre los diferentes partidos.  Esto, por cierto, sería nefasto, para el futuro de las pensiones y jubilados. Entonces tenemos que preguntarnos, ¿Quién asumirá la responsabilidad y pagará la factura, por esos casi 5 millones de trabajadores que hoy ya no disponen de sus fondos de pensiones por el retiro de casi U$ 50 mil mill? ¿De que manera el Estado financiará esta cuenta que, con seguridad, significará aumentar el gasto y el déficit en las finanzas de los gobiernos que les corresponda?

Muchos parlamentarios que inicialmente aprobaron los retiros porque no se atrevieron a oponerse a ello, por ser impopular, hoy se dan cuenta de la gravedad de esta política y han recapacitado, oponiéndose al retiro del 100 por ciento de los fondos (entre ellos, algunos presidenciables). Esto es positivo, ya que ahora ellos mismos, podrían contribuir a la búsqueda de una solución, para recuperar su propia credibilidad y permitir a su vez, recomponer las confianzas en este sistema o cualquier otro, asegurándoles a los trabajadores que habrá un respeto del derecho de propiedad de sus fondos y que nadie podrá hacer uso indebido de sus ahorros previsionales.

VÍCTOR HERNÁNDEZ ROLDAN