Biobío: reinventar la industria para construir el futuro | FACEA UDEC

«La región tiene una tradición industrial que sigue siendo una fortaleza. El desafío no es reconstruir el pasado, sino utilizar esa experiencia para crear una economía más diversificada, innovadora y resiliente.»

Durante gran parte del siglo XX, la Región del Biobío fue el principal polo industrial de Chile. El carbón, la pesca industrial, el sector forestal y la producción de acero en Huachipato dieron empleo, impulsaron la inversión y forjaron una identidad productiva que marcó a varias generaciones. Sin embargo, las transformaciones tecnológicas, ambientales y económicas han ido debilitando esos pilares. El cierre de las minas, la reducción de la actividad pesquera, los ajustes del sector forestal y la crisis de la siderurgia obligan a enfrentar una pregunta de fondo: ¿cómo construir una nueva etapa de desarrollo regional?

La experiencia reciente de China ofrece una lección interesante. Aunque gran parte de la atención internacional se concentra en la desaceleración de sectores tradicionales como la construcción y el mercado inmobiliario, el país ha logrado impulsar nuevos motores de crecimiento basados en la innovación, la digitalización, las energías limpias, la inteligencia artificial y la manufactura avanzada. El elemento central de este proceso no ha sido la defensa de actividades en declive, sino la creación de capacidades para desarrollar nuevas industrias.

Biobío enfrenta un desafío similar, aunque a una escala distinta. La región no puede aspirar a competir por volumen con las grandes economías del mundo, pero sí puede aprovechar ventajas que ha construido durante décadas. La principal de ellas es su capital humano. La presencia de universidades, centros tecnológicos y capacidades de investigación constituye una plataforma valiosa para generar innovación y emprendimientos con mayor contenido tecnológico.

La transición energética ofrece una oportunidad particularmente relevante. Si el siglo pasado estuvo marcado por el carbón y el acero, las próximas décadas estarán definidas por la descarbonización, las energías renovables, los sistemas de almacenamiento y la electrificación del transporte. Biobío cuenta con condiciones para integrarse a esas cadenas de valor y transformarse en un polo de innovación industrial ligado a la economía verde.

Sin embargo, existe otra enseñanza igualmente importante de China. No basta con impulsar nuevos sectores productivos. También es necesario asegurar que sus beneficios lleguen a las personas. La pérdida de empleos industriales ha afectado a comunidades completas, por lo que la reconversión productiva debe ir acompañada de capacitación, formación continua y nuevas oportunidades laborales.

Por ello, la discusión sobre el futuro regional no puede limitarse a atraer inversiones. Requiere una estrategia que combine innovación, educación, emprendimiento y apoyo a la transformación de las empresas locales.

La historia económica demuestra que ningún sector es permanente. El carbón, la pesca, la actividad forestal y el acero fueron protagonistas de etapas fundamentales del desarrollo regional. Pero el futuro de Biobío dependerá de su capacidad para construir nuevos motores de crecimiento acordes con los desafíos del siglo XXI.

La región tiene una tradición industrial que sigue siendo una fortaleza. El desafío no es reconstruir el pasado, sino utilizar esa experiencia para crear una economía más diversificada, innovadora y resiliente. En tiempos de cambios tecnológicos y productivos acelerados, la mejor estrategia no es resistir la transformación, sino liderarla.

 

 

 

 

Dr. Iván E. Araya Gómez, Facultad Ciencias Económicas y, Administrativas, Universidad de Concepción.

Columna opinión de El Sur, Viernes 06 de noviembre de 2026